La inteligencia artificial generativa suele presentarse como la máxima expresión de la racionalidad: sistemas capaces de optimizar el trabajo, maximizar la eficiencia y el aprendizaje, e incluso como ayudante en nuestras relaciones con otros seres humanos. Sin embargo, esta promesa encierra una paradoja: aquello que inicialmente parece racional, finalmente, nos conduce a resultados irracionales. Esta exposición argumenta que la búsqueda obsesiva de optimización está produciendo nuevas formas de rigidez, sesgo, deshumanización, pérdida de criterio y autonomía.
Michael Ryan
